sábado, 19 de noviembre de 2011

Belleza frágil


Banco Chinchorro
Explora las profundidades del arrecife más grande de México
Dice la leyenda que más de 60 barcos yacen bajo el fondo del "Quitasueños". Los antiguos marineros así nombraron a Banco Chinchorro, el sistema arrecifal mesoamericano más grande de nuestro país.
Para conocerlo hay que viajar a Mahahual, ubicado a 40 minutos de Chetumal. El equipaje puede ser resguardado en alguno de los pequeños hoteles que se distribuyen a lo largo de la costa, uno de ellos es Kabah-na, cabañitas ecológicas con servicios básicos. También ofrecen recorridos hacia las profundidades de Banco Chinchorro.
Tras navegar una hora en aguas abiertas, uno puede sentirse en medio de la nada hasta que de pronto un destello de verde esmeralda en el horizonte anuncia la llegada al arrecife.
De un pequeño muelle, parten lanchas para internarnos entre los manglares. Al fin penetramos en esta Reserva de la Biósfera resguardada por la SEMARNAT. Los guías nos indican que más de 40 hectáreas están cubiertas por mangles y otras especies de árboles.
Sin esperar, nos colocamos el equipo de esnórquel, incluyendo el chaleco salvavidas. Bajo nosotros se abren grandes cavernas de profundidades variadas. La claridad del agua permite que la vista se deleite con los primeros corales, el más bonito para mi gusto, se llama Cuerno de Alce. Los hay de diferentes colores, pero el que más resalta es el rosa. Entre ellos juegan los peces de colores. Avanzamos y las tortugas hacen su aparición. La carey, blanca y caguama habitan aquí, alimentándose del pasto marino.
Chinchorro se divide en cinco cayos, sumando un total de 53 mil hectáreas, todas abiertas al turista acuático. Ahora nos dirigimos al norte, para esnorquelear y bucear, esto último sólo para quien tenga certificación.
Nuestros ojos se deleitan con los vestigios de embarcaciones, que afectadas por las corrientes y vientos dominantes del Caribe, encontraron su última morada en esta reserva durante los siglos XVI y XVIII.
Anclas, timones y cubiertas son el hogar de miles de peces, corales y del caracol rosado, una especie en gran peligro de extinción, así como el pez tigre y la langosta espinosa. Estos encuentran en Banco Chinchorro un hogar seguro para su reproducción. Aunque esas ruinas marinas nos hagan imaginar que en el fondo puede haber algún tesoro, está prohibido sacar algún objeto y llevárselo como recuerdo, pues todo lo que hay en este territorio es Patrimonio de la Nación.
En tierra firme
De regreso a Mahahual, no queda de otra más que tumbarse sobre la arena y nadar en sus playas vírgenes. Si quieres adentrarte en la cultura maya, puedes tomar rumbo hacia Chacchoben, con 70 hectáreas de terreno donde aprenderás el proceso de la extracción del látex y la producción del chicle.
Paraíso chiapaneco
Montes Azules, donde converge la arqueología y la naturaleza
El aullar del mono saraguato se pierde entre la frondosidad de la Selva Lacandona. Las mariposas de alas azul eléctrico hacen de las ceibas su guarida, y nosotros encontramos en Montes Azules el edén para unas vacaciones ricas en arqueología y naturaleza.
Esta reserva chiapaneca se encuentra rodeada por la cuenca de los ríos Lacantún, Jacaté y Lacanjá. Llegamos a ella por el norte, desde Palenque con dirección a Bonampak, en el municipio de Ocosingo.
Lo más recomendable para recorrer la selva es contratar un touroperador en San Cristóbal de las Casas. Éste se encarga del hospedaje y, sobre todo, de la transportación, ya que los trayectos son a través de brechas y senderos que sólo los habitantes conocen.
De esplendor maya
Lo imperdible dentro de Montes Azules es la zona arqueológica de Yaxchilán, uno de los centros ceremoniales mayas más importantes.
Entre árboles mata palo, zapotes y cauchos se levantan 50 templos, el más importante es el 12, con el dintel más antiguo que muestra la ascensión al poder de un gobernante.
En Yaxchilán hay que acostumbrarse a mirar al techo porque siempre descubrirás algo diferente, como los relieves que se localizan en los edificios 7, 23 y 33. Este último tiene en su interior los mejores relieves conservados y las esculturas decapitadas del gobernante Pájaro Jaguar IV.
Montes Azules cuenta con 331 mil 200 hectáreas, que incluyen la Laguna Miramar, en donde habitan los lacandones y quienes te enseñan su forma de vivir en medio de la selva. El paseo en cayuco es clásico, sobre todo al atardecer para escuchar las historias y secretos que ellos conocen de esta Reserva de la Biósfera.
Las Guacamayas es una de las zonas naturales más protegidas del área. No sólo por ser el centro ecoturístico más famoso, sino porque aquí habitan la guacamaya roja, el loro cabeza azul, el loro cabeza blanca, el águila arpía, el zopilote rey, el tlacuachillo acuático, el grisón, el cocodrilo de pantano, el cocodrilo de río y la tortuga blanca, especies en peligro de extinción que ahora también están bajo la protección de la SEMARNAT, así como las orquídeas, variedades de palmas y helechos que habitan la zona. Estas especies representan 20% de la diversidad de nuestro país.
Existen prestadores de servicios que ofrecen todo un itinerario completo para recorrer Montes Azules, con precios accesibles hasta viajes de lujo que incluyen sobrevuelos por la sierra chiapaneca.
Cabo Pulmo, encanto de la península
Jacques Cousteau lo denominó "el acuario más grande del mundo"
Un azul intenso baña la Reserva de la Biósfera Cabo Pulmo, localizada entre los municipios de La Paz y San José del Cabo, BCS. Pepe, nuestro instructor de buceo, dice que aquí se encuentra el único arrecife coralino de la costa del Pacífico oriental, que va de Alaska hasta Tierra de Fuego.
Corremos el cierre del traje de neopreno y nos subimos a la lancha; comprobaremos si aquello es un paraíso marino.
Nos colocamos de espaldas al mar y en la orilla de la embarcación. Conteo regresivo y al agua. El cinturón de plomo nos hunde siete metros de profundidad. Las burbujas generadas por nuestra respiración no impiden que observemos los primeros animales.
Estamos bajo el Islote, en el extremo sur de la bahía. Un mundo de color se despliega ante nosotros. Abanicos de mar de intensos rojos, violetas, naranjas y blancos. Entre ellos se desplazan familias de peces ángel, mariposa, caballitos de mar e ídolos moro (planos, con rayas blancas, amarillas y negras). Antes de seguir, dejamos que pase el cardumen de pargos. Giran a nuestro alrededor y escapan a gran velocidad
La fuga se debe a que un lobo marino los acecha. Sí, en estas aguas también es posible convivir con grandes especies como el tiburón martillo y el tiburón ballena, la ballena gris y las mantarrayas gigantes.
Un tanque de aire sólo nos alcanzará para una hora de inmersión, así que continuamos nuestro trayecto. Entre las algas que se tambalean se esconden los erizos de mar y el pez globo. Podemos tocarlo.
Sigue la calma
Ya en la superficie, montamos nuestras casas de campaña a la orilla de un acantilado, se escucha el bufar del mar. Nuestro hogar provisional se rodea de vegetación desértica: cactus, chayas, biznagas y mezquites.
El sol pega con fuerza, pero está prohibido utilizar cualquier tipo de bloqueador solar, por más biodegradable que éste sea. Como en toda reserva, hay reglas que se deben seguir al pie de la letra: no se permite pescar, ni tocar los corales, ni prender fogatas, llevar cuchillos, guantes o arpones. El recuerdo sólo se queda en fotos, si se cuenta con el equipo necesario. Y, claro, en la memoria.
A Cabo Pulmo no sólo se va a tomar lecciones de buceo, también a conocer parte de lo que Jacques Cousteau denominó "el acuario más grande del mundo", el cual se calcula tiene una edad de 25 mil años.
Después de haber recargado los tanques de aire, nos vamos de nuevo, pero ahora al norte de Cabo, a El Bajo.
La máxima profundidad es de 14 metros. No hay necesidad de sumergirse completamente, la visibilidad es perfecta, sobre todo porque estamos en verano, la mejor temporada para visitar el área. También el otoño es buena época.
El Bajo es una franja de rocas volcánicas, cortada por canales arenosos en donde habitan las estrellas de mar más hermosas que hayamos visto. Las hay de colores y texturas diferentes: rojas, moradas, con puntitos negros, blancos, amarillos; lisas y corrugadas. Las esponjas les hacen compañía y, hasta el fondo, como una alfombra verde, el pasto marino.
Nuestros ojos se quedan fijos. Las legendarias tortugas se alimentan al fondo.
Con información de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

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